El verdadero problema radica en profundizar, para
así descubrir cuáles son las causas que
desencadenaron éste mal en el fútbol, donde el buen juego, queda ya en un
segundo plano.
La policía suele
mantenerse al margen de los hechos de violencia, -aunque muchas veces
ellos se ven inmersos- justificándose al decir que no tienen los recursos
necesarios para enfrentar el problema, o que la Justicia ampara la violencia al
no regularizar leyes que terminen con esta situación.
Pero bien, a medida que vamos analizando tantos
años de violencia en el futbol argentino, vemos que se encuentran culpables,
que nadie “se hace cargo”. Las crifras son escalofriantes: 138 muertes,
centenares de heridos, venta ilegal y consumo de drogas. ¿Hasta cuándo?
En el último año vimos que el presidente de
Independiente, Javier Cantero, ha intentado frenar a los barras tras recibir
amenazas en su propia oficina. Para ello recurrió a los medios de comunicación
e incorporó profesionales referidos a la seguridad, para asesorarse y poder
combatir la inseguridad dentro y fuera de los estadios. No muchos clubes
colaboraron con ésta decisión de Cantero, apoyándolo en sus marchas y en las
reuniones organizadas por el Pte. del Rojo. Pero claro, ¿Quién va a tener el
coraje de enfrentarse al mayor peligro de la sociedad futbolera de la
Argentina? No olvidemos que ahora las entradas para los partidos se reparten
por “Ranking”, es decir, sólo reciben entradas aquellos que han ido a todos los
partidos y están mejor posicionados en las listas. ¿Sería mucho más simple que
no se le entreguen entradas a las barras, verdad? Lamentablemente muy pocos
actúan, otros pocos reaccionan – Como Javier Cantero – y el fútbol sigue tiñéndose
de un tinte oscuro. Pero no todo está perdido. Este fin de semana se requisó un
micro con hinchas de Newells que se dirigían a Mendoza, en la ruta 7.
“Allí se encontraron un arma calibre 22 (con cuatro municiones,
dos de ellas con punta hueca) debajo de un asiento, además de 136 gramos de
marihuana y siete de cocaína” informa el diario Ole. “Las armas y las drogas fueron decomisadas y
el micro fue enviado de nuevo a Rosario”. Y así está el fútbol hoy. Ya
perdiéndose la costumbre de asistir con la familia, con los niños. El buen
juego pasa a ser tapado por el manto de violencia, ya cotidiano, en medio de
los partidos, o en el antes y el después de éstos.
¿Es una enfermedad con o sin cura? La violencia ya está
instalada, solo falta la unión y el compromiso de dirigentes y políticos para
apartar a los culpables y limpiar la imagen de nuestro fútbol ese deporte que
une y alegra la vida de nosotros los fanáticos de esta pasión, que solo
queremos disfrutar de un partido sin preocuparnos por saber si vamos a salir o
no vivos de nuestra propia cancha, que para muchos, es nuestra casa.
